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jueves, 11 mar 2010

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Historia de Menorca

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En una primera etapa de la civilización primitiva, siguió otra muy brillante durante la Edad del Bronce, conocida como talayótica, caracterizada por construcciones ciclópeas similares a las de Mallorca, Cerdeña o Malta, si bien con características originales. Visitado por fenicios, griegos y cartagineses (éstos últimos fundaron, en el siglo VII adC los enclaves de Jamma, actual Ciudadela, y Maghen, actual Maó. La cultura talayótica perduraría en Menorca más allá de que Quinto Cecilio Metelo (que recibiría más tarde el sobrenombre de Balearicus), conquistada la isla para la república romana en el año 123 adC (junto con el resto de las Baleares).

 En el año 427 la isla vivió la conquista de los vándalos. Es de suponer que Menorca se convirtió en territorio bizantino a la caída del reino vándalo, conquistado por Belisario. En cualquier caso, siguen siglos de oscuridad y aislamiento, en los que la isla fue atacada por normandos y árabes. Los árabes no se asentaron definitivamente en Menorca hasta el año 903, en que fue conquistada y unida al Califato de Córdoba.

A pesar de la tardía conquista, la islamización de la isla fue intensa. En 1232, tres años después de la conquista de Mallorca por Jaime I el Conquistador, la Menorca musulmana se hizo tributaria de la Corona de Aragón, permaneciendo con una importante autonomía medio siglo más. Cala de Turqueta (Menorca).

La isla fue conquistada por Alfonso III de Aragón el 17 de enero de 1287 (ésta es la razón de que el 17 de enero sea el día de Menorca), el cual procedió a la deportación y venta como esclavos de la población musulmana que residía en la isla y su repoblación con colonos catalanes. Su sucesor Jaime II el Justo se la cede a Jaime II de Mallorca tras el tratado de Anagni (1295), pasando a formar parte del Reino de Mallorca.

En 1343, Pedro el Ceremonioso arrebata Menorca al rey de Mallorca, Jaime III (paso previo a la propia desaparición del reino, anexionado a la Corona de Aragón). La Menorca aragonesa se benefició del esplendor marítimo y comercial del reino, pero a partir de finales del siglo XIV, la isla experimenta un drástico proceso de despoblación y decadencia económica. Este proceso alcanzó cotas alarmantes en los siglos XV y XVI, debido a una pluralidad de motivos. Fundamentalmente las luchas sociales entre el campesinado y la aristocracia, similares y coetáneas a las Germanías del reino de Valencia y de Mallorca o a las de la revuelta catalana contra Juan II. También influyeron los ataques otomanos, que saquearon y destruyeron Maó (1535, por el corsario otomano Aruj, gobernador de Argel para la Sublime Puerta así como hermano del que fue el almirante otomano Jeireddín Barbarroja) y la entonces capital Ciutadella (1558, por el corsario otomano Piali), lo que amenazó con la despoblación casi absoluta de la isla.

Capturada por los británicos en 1708 durante la Guerra de Sucesión Española y cedida oficialmente a raíz del Tratado de Utrecht, pasó a ser durante setenta años una dependencia británica (y el puerto de Maó una base naval británica en el Mediterráneo) en el siglo XVIII.

La presencia británica impulsó la economía de la isla, por lo que Maó, que se había convertido en la capital de la isla se convirtió en un centro comercial y de contrabando de primer orden en el Mediterráneo. La influencia británica se puede apreciar en la arquitectura local. Por el contrario, Ciutadella, la antigua capital y reducto clerical y aristocrático, languidecía. La Vall (Menorca) Barranco de Algendar, en Menorca.

Durante la Guerra de los Siete Años, Menorca fue tomada por Francia (1756). Sin embargo, el Tratado de París (1763) devolvió el control de la isla a Gran Bretaña. Durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, que también involucró a Francia y a España, fuerzas franco-españolas derrotaron a las fuerzas británicas y capturaron la isla el 5 de febrero de 1782, pero fue recobrada por los británicos en 1798, durante las guerras contra la Francia revolucionaria. Fue cedida a España final y permanentemente en virtud del Tratado de Amiens en 1802. La pujanza marítima de Maó se prolongó durante los primeros años del siglo XIX, aún después de revertir a dominio español. Durante la Guerra Civil Española, Menorca permaneció fiel al gobierno de la República, en tanto que Mallorca se unía al bando sublevado. El Brigada republicano Pedro Marqués, tras conseguir que el General Bosch rindiera el mando de la isla, se erigió en la máxima autoridad militar de Menorca y fue el responsable de las matanzas realizadas durante el 2 y 3 de Agosto de 1936 en la fortaleza de la Mola de Maó, en las que se asesinó a más de un centenar de mandos militares nacionales prisioneros. También durante su mandato fueron asesinados otros muchos civiles y clérigos afectos a la causa nacional, entre ellos el sacerdote Joan Huguet. No obstante, no se desarrollaron combates en la isla con la excepción de un bombardeo a cargo de la aviación italiana y al final de la guerra (1939), la marina británica supervisó una transferencia pacífica de poder en Menorca y procedió a la evacuación de algunos refugiados políticos.

En 1993, Menorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Con esta declaración se reconocía el esfuerzo de una sociedad que ha sabido preservar su medio ambiente, conservando la riqueza y los contrastes que suponen la biodiversidad marítima y terrestre de la isla. Este reconocimiento implica un mayor compromiso por parte de las instituciones públicas para fomentar actuaciones que concilien la preservación del medio ambiente con un desarrollo socioeconómico sostenible.

En este sentido, cabe destacar la creciente implicación del sector privado para contribuir a la consecución de estos objetivos. Con esta filosofía, las administraciones han puesto en marcha diversas actuaciones que, en líneas generales, se concretan en reforzar los instrumentos legales que garantizan la preservación del medio ambiente y racionalizan el proceso urbanístico. Por otra parte, se ha decretado la protección de toda una serie de espacios que revestían un especial interés. De estos entornos hay que destacar el Parque natural de s’albufera des Grau y los monumentos naturales de Algendar, Santa Anna y Trebalúger. Otra de las iniciativas que están protagonizando las distintas instituciones públicas es la recuperación con fines medioambientales de la franja de terreno que circunvala la costa por el interior: el tradicional Camí de Cavalls. Este recorrido tiene un valor paisajístico y sentimental muy intenso para los menorquines.